TURMALINA

La turmalina fue introducida en Europa por los holandeses, que la habían descubierto en Ceilán, a principios del siglo XVIII.
Los cingaleses la llamaban turmali, término que designaba también a los circones.
En Holanda se le dio el nombre de aschentrekker, “extractor de cenizas”, porque la turmalina caliente tiene una propiedad muy conocida por los antiguos marinos fumadores de pipa: se convierte en magnética, pudiendo atraer las cenizas y el polvo como un imán, por lo que servía para limpiar fácilmente las cazoletas de tierra o de sepiolita.
Ninguna gema ofrece una gama de colores tan amplia como la de la turmalina y las turmalinas de un solo color son más bien raras.
Generalmente presentan una agradable gradación de colores o varias capas de colores dispuestas en círculos concéntricos.
Esto ocurre, por ejemplo, con una turmalina famosa, que se suele denominar “melón de agua” y que tiene el centro de color rosa rodeado de una aureola verde.
La variedad más buscada es la roja, que se conoce como rubelita. Gustavo de Suecia le obsequió a Catalina II de Rusia una rubelita de 250 quilates que se encuentra en el Fondo de diamantes de Moscú. La turmalina más inusual es la indigolita, de color azul verdoso fuerte; la más corriente es la verde.
Según las leyendas, la turmalina es la piedra de las musas y da vuelo a la inspiración de los artistas.
Borosilicato de aluminio. Dureza: 7 a 7,5. Gema de los nativos del mes de octubre. Afganistán, Brasil, Estados Unidos, Madagascar, Rusia, Sri Lanka.