GLOSARIO

Los archivos de los joyeros son tesoros conservados cuidadosamente y la garantía de una historia muchas veces prestigiosa. Los de Cartier están repartidos entre los tres centros de París, Londres y Nueva York. Cuidadosamente guardados, se conservan y se consultan según la regla de oro del joyero... la de la confidencialidad más estricta. Como cualquier archivo comercial, los de Cartier hacen un inventario de la producción a través de una serie de anotaciones repetitivas y sumamente precisas.

Los sistemas de registro son a la vez fluidos y rigurosos, y testimonian asimismo lo que es la vida diaria de una casa de joyería. Cartier posee así un historial de cada pieza, desde su creación y fabricación en los talleres hasta la venta. Cartier ha ocupado los mismos locales de la rue de la Paix desde 1899, en el mismo lugar elegido por Alfred Cartier y su hijo Louis, que acababa de unirse a la empresa. Este legado documental ha perdurado a través de las épocas, siendo un registro de prácticamente todas las piezas que Cartier ha creado desde el cambio de siglo. Además, una importante colección de registros que se remontan al siglo XIX rememora la actividad de Cartier en sus locales del Boulevard des Italiens. Incluso el Segundo Imperio, era significativa en la historia de Cartier, ha dejado su huella. Cabe añadir a estos registros un fondo fotográfico extremadamente rico, ya que todas las piezas que salían del taller eran fotografiadas en tamaño real, conforme a la tradición de la profesión. Iniciada en 1906 y conservada en París, esta colección contiene unos 40.000 negativos. 30.000 de estos negativos están conservados en láminas de vidrio con gelatino-bromuro. Los álbumes fotográficos, realizados día tras día, servían para hacer constar visualmente el testimonio fiel de la producción.

Asimismo, los departamentos de archivos conservan un importante fondo gráfico, compuesto por croquis, dibujos preparatorios y de ejecución, hechos con una técnica muy particular de acuarela sobre papel de calco. Por último, la colección de yesos de los años 1905 a 1915 guardada en París es un testimonio conmovedor de la vida de los talleres, que por este medio conservaban la memoria en tres dimensiones.

El certificado de autenticidad que emite Cartier representa un verdadero documento de identidad de la pieza y por ello es necesario para registrar una póliza de seguros.

Algunas piedras se entregan acompañadas de un certificado que menciona su nombre comercial, su color (si la nomenclatura indica "todos los colores"), sus dimensiones, su peso en quilates, su forma y, en el caso de los diamantes, su pureza. Este certificado es entregado por un laboratorio gemológico reconocido.

Los contrastes son marcas que se imprimen en los objetos de oro, platino y plata. Estos permiten, por ejemplo, determinar el nombre del fabricante, garantizar las proporciones de cada metal precioso y probar el pago de los derechos correspondientes ante el órgano encargado de la garantía. Por tanto, en una joya pueden figurar varios contrastes. En Francia, son obligatorios dos contrastes: la marca de ley y la marca de orfebre. La marca de ley significa que el órgano encargado ha controlado que el objeto obedece a la ley o al título de oro, plata o platino. La marca de orfebre o marca joyera, instituida en Francia en 1355 por el rey Juan el Bueno, también es obligatoria en todas las piezas fabricadas en estos tres metales. El fabricante tiene que darse a conocer ante el órgano encargado de la garantía y registrar su marca de orfebre en una placa de cobre. El inspector del órgano controlador vigila que una misma marca no sea utilizada por dos fabricantes.

Todas las joyas y los relojes de Cartier llevan grabado un número individual, único y catalogado, que permite su identificación.

Decisión de un monarca que otorgaba a algún proveedor el derecho de vender sus productos a la corte. Asimismo, se trataba —y se trata todavía en las monarquías que existen en la actualidad— de una forma de dar a conocer al público, con la autorización del soberano, que determinado proveedor trabajaba —o trabaja— para una familia real. Cartier obtuvo los títulos de proveedor autorizado de las cortes siguientes: Inglaterra y España (1904), Portugal (1905), Rusia (1907), Siam (1908), Grecia (1909), Serbia (1913), Francia (Casa del conde de París, 1914), Bélgica (1919), Italia (1920), Rumanía (1925), Egipto (1929) y Albania (1939).